El violinista libanés, de raíces armenias brindó un espectáculo cargado de virtuosismo, humor y emociones intensas, con su talento y carisma, demostró una vez más su capacidad para conectar con la audiencia a través de su música y sus historias.
Malikian sorprendió por la combinación de su habilidad técnica y narración envolvente, entre cada pieza, compartió anécdotas personales y reflexiones profundas, con su característico sentido del humor, tocando temas como la sensación de no encajar. “Intrusos nos hemos sentido todos”, dijo en uno de sus monólogos.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el homenaje que le rindió al gran Astor Piazzolla, a quien describió como “el genio que al principio fue incomprendido”.
Malikian no es solo un virtuoso del violín; es un verdadero showman. Acompañado por cuatro talentosos músicos cubanos ofreció un repertorio ecléctico que incluyó piezas propias, versiones de composiciones clásicas y canciones populares.
Su violín, con potente y vibrante sonido, cobró vida en cada pieza, desde “Rapsodia” y “Dvorák” hasta “Intruso” y “Paganini”. El espectáculo fue una fusión de estilos, viajando desde la música clásica europea hasta el jazz, el tango y los ritmos balcánicos, todo bajo el sello personal del violinista.
Después de dos horas, el espectáculo culminó con una ovación de pie. Cada nota y cada palabra de Ara Malikian parecían resonar en lo más profundo de la sala. Con su violín como extensión de su ser, logró un viaje sonoro que conquistó,una vez más, al público. Su música, su humor, su energía desbordante marcaron una noche inolvidable.
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