Ante un teatro colmado, la cantante de Arequito revivió su historia con hologramas de infancia, abrazos fraternales y un repertorio que supo encender el alma del folklore.

Soledad Pastorutti inauguró sus funciones en el Gran Rex celebrando casi treinta años de carrera, y lo hizo recordando desde lo más puro: un holograma de niña asomó al inicio, vestida con poncho y alpargatas, remitiendo a sus primeros años y provocando lágrimas cómplices. Luego, voz quebrada, abanicos de emoción y una banda que la sostuvo para llevar cada tema desde lo íntimo hasta lo grandioso.

El punto de encuentro más sincero se dio cuando Natalia, su hermana, subió al escenario: la unión de las voces hermanadas dibujó un instante de comunión que atravesó generaciones. Entre el clamor del público, los recuerdos de los clásicos y la fuerza intacta de su canto, Soledad no solo celebró su historia: la hizo sentir viva, latente y compartida.

Redacción: Melody Lucero
IG: @melodyluceropr1
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