Dos noches para rendirse al hechizo babasónico

El Estadio de Ferro se convirtió en un templo pagano por dos noches para confirmar que la banda liderada por Dárgelos sigue siendo la vanguardia emocional del rock argentino.

Babasónicos volvió a hacer de lo excepcional una costumbre. En dos noches consecutivas en la cancha de Caballito, la banda desplegó su propio universo sensorial: luces que parecían respirar, arreglos quirúrgicos que rozaban la perfección y la voz de Dárgelos, siempre a medio camino entre el hechizo y la provocación.

El estadio se transformó en un territorio donde la elegancia convivió con el delirio, donde cada canción —nueva o histórica— funcionó como un rito compartido. Los clásicos sonaron afilados, renovados, mientras el público acompañó con una devoción que confirmaba que Babasónicos ya no es solo una banda: es una forma de sentir la música.

En ambas noches, el clima fue de hipnosis colectiva. Ferro vibró con esa estética única del grupo: sensual, impredecible, bella incluso en sus sombras. Un doblete que no fue un simple concierto, sino una experiencia orquestada con precisión y misterio.

Redacción: Melody Lucero
IG: @melodyluceropr1

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